Tú que has probado lo fino y lo corriente sin cambiar la copa.
Que gustas de revolver.
Tú que te embriagas con los culos de una noche de farra.
Que amas por amar y bebes por beber.
Tú, sí tú, detente
sólo un instante.
Pon música
me gustaría Mozart.
Siéntate en tu sillón favorito, mírame con frialdad.
Olvida si mi origen es francés, italiano, español
o sin vengo de la uva de tu tierra.
No te detengas en mi etiqueta, mi procedencia o mi edad,
olvida que los hombres me han catalogado en barricas.
Deseo abrirme para ti.
Destápame.
Aspira mi aroma.
Mientras mi interior se oxigena
toma entre los dedos el corcho recién liberado
acércalo a tu nariz.
Ese aroma virgen dura un instante.
Y es el mejor.
Llena de mí tu copa.
No me pruebes todavía.
Vuelve a aspirar mi aroma,
lo percibirás distinto;
el aire me transforma y el olor cambia.
Toma la copa en tu mano,
dibuja elipses en el espacio vacío.
Suave.
Como si danzáramos el cristal, tu mano y mi esencia al ritmo de Júpiter.
Poco a poco detente.
Observa mi cuerpo, sin premura,
disfrutando las formas que dejo al recorrer la fría superficie.
Aspira de nuevo
el aroma es distinto.
Levanta la copa, dirígela hacia la luz,
hacia la sombra.
El color cambia.
Ese instante,
en que vista y olfato se alternan,
dura unos segundos.
Y es el mejor.
Abre ligeramente los labios, deja pasar un sorbo de mí.
Quiero retozar en tu boca.
Aspira el aire que nos rodea.
Trágame.
Mi esencia quedará impregnada en tu paladar, en tu lengua, en tus cavidades.
Sólo por un instante.
Y es el mejor
También es el momento de decidir si quieres beberme completa.
No me bebas a tragos.
Si deseas que entre en ti, sin escurrirme fuera de tus labios
con honestidad
dime por qué te gusta mi sabor,
por qué has elegido esta cosecha y en especial a mí.